El grito del papel armado con palabras
En esta entrada Fa, desde La Tilde Perdida, nos conduce a una reflexión sobre lo tecnológico y el papel tradicional. Personalmente prefiero el papel… gracias de nuevo Fa, un placer leerte.
La tónica de los últimos tiempos es la economía, pero no en cuestión de dinero, que también, con esto de la crisis, sino en economizar tiempo, espacio, palabras, etc. Hoy día pocas cosas no están dentro de una pantalla, ocupando poco espacio. Pero yo soy una romántica y me cuesta deshacerme de antiguos usos, pero los combino con las nuevas tecnologías, no reniego de ellas. Así, por ejemplo, abro cada día el buzón de mi casa, aunque sea para recibir una revista, o nada… porque como el personaje de la novela de García Márquez, ya no tengo quien me escriba; no como hace años, que nos carteábamos con los amigos del verano que vivían lejos y apilábamos las cartas en viejas cajas de zapatos. Y con el mismo ahínco miro casi a diario el correo electrónico, pero pocas veces me sorprendo encontrando un correo personal, esos de “hola”, “¿qué tal?”. Y es una pena que perdamos la costumbre de escribir, en papel o tecleando; que en la era donde los medios de comunicación arrasan, dejemos de comunicarnos. También economizamos con las palabras, no sólo con los SMS del móvil, ya se ha extendido a otros ámbitos, y muchas veces me rompo la cabeza intentando descifrar lo que alguien quiere decirme, como si fuera el jeroglífico del periódico: todo un reto. ¿Y las viejas agendas? Solemos tener guardados todos nuestros contactos en el móvil, y a más de uno en alguna ocasión (me incluyo) se nos ha borrado todo… menosmal que sigo apuntando cada número en una agenda, porque muchas veces el “por si acaso” se cumple. Con este afán de economizar, unido al desarrollo de nuevos aparatos, la decoración de nuestras casas se ve alterada. Pronto recrearán la época de los noventa con casas donde existen las películas VHS adornando estanterías, y álbumes de fotos de gran tamaño. Y es que ahora todas nuestras fotos, digitales, están en los ordenadores, algunas películas también, y el resto en tarrinas llenas de CD´s. No está lejos el día en que nos sentemos a mostrar a nuestros hijos las fotos de nuestra infancia, e incluso adolescencia, pasando hojas macilentas como si fuese un periódico del siglo pasado.
Y, ¿qué ocurrirá con los libros?, ¿qué futuro creéis que tienen? Hasta hace poco me aferraba al papel, como si de acero se tratase, pero me doy cuenta de que quizá otras alternativas también pueden ser atractivas, aunque nunca se podrá sustituir el placer de oler un libro (nuevo o viejo), pasar sus hojas… pero lleva años gestándose el libro electrónico, del que existen varios modelos (según la empresa distribuidora), donde se pueden guardar hasta 1.500 ejemplares (lo cual no sería un problema en las mudanzas). Los distribuidores ofrecen y ofrecerán otros servicios para difundir más el uso del libro electrónico: libros exclusivos que no están en papel, notas del autor, ilustraciones de los lugares que recorren los personajes, la posibilidad de interactuar, revistas, blogs, periódicos, etc. Aún no creo que estos libros electrónicos sean una aunténtica revolución en España (sí en EEUU), por su precio (en torno a 300 euros); por el soporte, que cansa la vista, aunque ya los están mejorando; o el inconveniente de que tenga batería y se acabe en el mejor momento del relato; pero en las editoriales ya ha saltado la alarma, porque se trata de un duro competidor: novelas como la trilogía de S. Larsson ya andan sueltas por los mares de la “piratería.” Creo que las editoriales deberían aliarse con las empresas de libros electrónicos y ofrecer estrategias comunes para que ninguno de los dos salga perdiendo en este nuevo cabalgar de los libros.

23/marzo/2009
estan buenas las opiniones y hacerle caso alos mensajes que te dicen