Entrevista al lector Diego Martínez Castañeda
Libros, muchos pero me quedo con El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina. Supongo que apareció en el mejor momento posible para darle un vuelco a mi cabeza y mis gustos literarios.
Autores podría decir muchos pero, por señalar tres nacionales, Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes y Arturo Pérez Reverte. Me veo incapaz de reducir más la lista.
Sin lugar a dudas, nada más despertarme y cuando todavía estoy en la cama. Obviamente, no suelo tener la oportunidad de leer en esos momentos, ni tan siquiera los fines de semana, así que aprovecho también por las noches, en vez de ver la televisión.
El sofá y la cama, por lo que comentaba en la pregunta anterior. Y sí, también leo en el baño, sobre todo desde que tengo una de esas tabletas de la marca de la manzana. Supongo que lo único necesario para leer es disponer de unos minutos de tranquilidad, estés donde estés.
Soy un fetichista confeso del papel, por su tacto, su olor y el sonido de las páginas. Desde siempre, un libro fue el mejor de los regalos posibles y los guardo con respeto y cariño. Al fin y al cabo, me he pasado muchas horas entre sus páginas. Pero últimamente, con la llegada del ebook o, mejor dicho, de las tabletas, porque los libros electrónicos siguen siendo complicados de encontrar y muy escasos, me están surgiendo dudas. El libro es fácil de usar, no necesita pilas ni alimentación y es un objeto agradable. Pero, por contra, en mi tableta entran muchos libros sin añadir más peso y si lees varios libros al mismo tiempo, es una gran ventaja.
De momento, seguiré leyendo libros en papel pero iré pasando alguno a la tableta. En un par de años, espero que la tendencia sea la contraria pero tendrán que cambiar cosas en el mercado de ebooks.
Tercios de España, de Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca, el cuarto número de la revista Orsai, que lo tengo atrasado y estoy esperando el último de Alatriste.
La séptima entrega del capitán Alatriste.
Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett. Es un libro extraño, triste pero tremendamente vitalista. Una novela extraña que cautiva y engancha.
No, no lo creo. Nos cambian la familia, el entorno y los amigos. Nos corrompe la creencia de ser superiores al resto de personas. La lectura te da armas para lidiar con tu mundo, te ayuda a entenderlo e, incluso, te ofrece refugio y desconexión durante un rato. Yo la veo como un escudo más que como una brújula.
Pues os presento a BP (pongo sólo las iniciales, en breve nos contestará a estas preguntas y la conoceremos un poco más, ¿te lo vas a perder?), un tipo ecléctico, diferente y que lo mismo te escribe un libro por fascículos que un texto corto cargado de humor y mala leche.
Por supuesto: B, ¿usas el humor como refugio en tus textos?
Ha sido un inesperado placer. Nos vemos…
